El misterio del polen morado
Hace dos años ocurrió una cosa
que cambió el mundo que conocemos. Un día, al despertar, bajé de la cama para
ir a lavarme los dientes. Pero, paso a paso, sentía una sensación rara y,
cuando llegué al baño... ¡no me lo podía creer! ¡Me había convertido en una lobita!
Tenía los dientes afilados, estaba cubierta de pelo y tenía muchísima hambre.
Bajé corriendo las escaleras, pero
al empezar, ¡me puse a cuatro patas! Cuando llegué, mi madre también era un
lobo, pero ella no estaba asustada. Me intenté calmar. Le pregunté si hoy no me
notaba nada raro y me respondió que no. Me dijo que no debía bajar a cuatro
patas por las escaleras por si me hacía daño. Le pregunté qué día era y me
contestó que era día de colegio y que ya era muy tarde.
Entonces desayuné, me vestí
rapidísimo y me fui al colegio. Cuando llegué, me di cuenta de que todos los
compañeros y compañeras ¡también eran animales! Pero parecía que no lo notaban,
parecían animales de toda la vida. Tenía miedo por si me podían hacer daño,
pero eran muy amistosos porque, aunque eran animales, seguían siendo mis amigos
y amigas. Fui con mi mejor amiga y le pregunté lo mismo que le pregunté a mi
madre, y me dijo que sí. ¡Que se habían convertido todos en animales! Le dije
que por fin alguien se daba cuenta, porque nadie lo había hecho. Mi mejor amiga
era un león con su pelaje suave.
Al acabar el colegio fuimos al
parque y nos dimos cuenta de que había un tipo de polen morado muy extraño.
Pensamos de dónde podría venir, pero nos dimos cuenta que hacía un camino. Mi
mejor amiga y yo decidimos seguirlo, aunque nos daba un poco de miedo.
Siguiendo el rastro nos encontramos montañas de polen morado. Mi mejor amiga se
quería tirar en esas montañas, pero le paré los pies porque ya se estaba
haciendo tarde y teníamos que descubrirlo pronto.
Dimos con el problema: era una fábrica
abandonada. De ella salía muchísimo polen. Mi mejor amiga y yo decidimos
entrar. Dentro solo había morado, pero... ¡había más animales como nosotros!
Había un elefante, un mono y un guepardo. Ellos también se habían dado cuenta
de lo ocurrido. El elefante nos contó que su padre trabajaba allí. Nos contó
que se había perdido un barril de ese polen. Todos lo ignoraron y siguieron con
su trabajo, pero cuando cerró la fábrica, el barril siguió allí. Con el tiempo
se fue debilitando y al final se rompió. El contenido era el polen. ¡El polen
nos había convertido en animales!
El mono nos dijo que no se podía
arreglar y que teníamos que vivir así el resto de nuestra vida. Nos pusimos
todos muy nerviosos. ¡¿Cómo que nos íbamos a quedar así para siempre?! Nos
quedamos reflexionando sobre todo eso. Y nos dimos cuenta de que sí podemos
vivir así todos juntos con todas nuestras diferencias. El elefante es grande y
fuerte, el mono escala genial, el guepardo es muy rápido, el león mete miedo y
yo, el lobo, caza muy bien. Si mezclamos todo esto podríamos ayudar a todo el
mundo. Esta es la prueba de que estar unidos es mucho mejor que separados.
Y ahora ya hacen dos años de todo
eso y vivimos todos los animales en paz y armonía.
Marta F.