LA CRIADA QUE NO LA QUERÍAN
Érase una vez una criada que se llamaba Carolina. Ella
siempre limpiaba el castillo del rey que estaba en la montaña.
Una noche, mientras todos dormían, Carolina vio una ventana
abierta y se escapó al bosque. De repente se encontró con un centauro que le
dijo:
— ¿Por qué te vas? — Porque no me dejan descansar ni comer,
entonces me voy. Pero... no sé a dónde.
El centauro le contestó:
— Si quieres, con mi magia podré enseñarte el castillo de un
rey que necesita una reina.
El centauro desapareció y Carolina siguió su camino. Al poco
tiempo, se encontró con un conejo llamado Pablete, que le dijo:
— ¿A dónde vas? — Voy al castillo del rey —respondió
Carolina. — ¡Pues sigue tu camino!
Carolina siguió su camino cantando:
— La, la, la, voy al castillo del rey, la, la, la.
Siguió su camino pensando cómo podría ser el castillo: de
oro, de plata o quizás de piedra... Todas esas ideas eran geniales, pero se
encontró con un loro y dijo:
— Oh, oh, oh.
Carolina estaba preocupada por si el loro se ponía a hablar,
pero el loro tenía mala cara. Ella no se rindió e intentó espantarlo, pero el
loro no se movía.
Suspiró porque el loro no estaba hablando, y de repente el
loro empezó a hablar y Carolina pensaba que se iba a desmayar del susto, pero
no se rindió, siguió andando y... ¡encontró un mapa!
Era un mapa del tesoro. Carolina lo cogió y siguió andando,
pero se tropezó con una piedra; pero no era una piedra cualquiera: ¡era un
trozo de un volcán!
Carolina se estaba acercando a un volcán y además había
zombis, pero apareció otra vez el centauro y le dijo:
— Toma esta espada y este escudo.
Carolina cogió la espada y el escudo, luchó contra los
zombis y los mandó dentro del volcán. La espada y el escudo se esfumaron.
Siguió su camino y por fin encontró el cofre del tesoro. Dentro había monedas,
collares de perlas y una corona de oro.
Carolina por fin encontró el castillo. Diez años después
dejó de trabajar, se casó y se convirtió en reina.
FIN
Triana R. A.