UNA TECLA Y UN RECUERDO
Un día de otoño una niña llamada Laura estaba aburrida tirada en el sofá. Su madre le dijo: "Venga que vamos a comer a casa del abuelo". Fueron caminando y no paró de pensar en lo mismo, en la muerte de su abuela. Es difícil enfrentarse a los cambios, pero hay que intentarlo.
Ya
habían llegado a casa de su abuelo. La casa era tan amarilla como siempre. Petó
a la puerta y su abuelo le abrió y le hizo una gran sonrisa y ella se la devolvió.
Le dijo que tenía una sorpresa en el trastero.
Le dijo
a su madre: "¿Mamá, te quedas descansando mientras el abuelo me da una
sorpresa que está en el trastero?".
Fueron
al trastero, abrió la puerta y había muchos trastos viejos, pero el que más le
llamó la atención fue una manta blanca que tapaba algo enorme. Lo subieron por
las escaleras y al llegar lo pusieron en una esquina del salón. Sacó la manta
blanca y había un piano lleno de polvo, lo limpió y se sentó en el banquito
negro. Tocó una tecla y recordó aquel momento tan bonito cuando tocaban juntas.
Tocó otra tecla y recordó cuando hacían postres juntas... oyó de lejos la voz
de su abuelo diciendo: "¡A comer!". Comieron pasta antes de irse y le
dio un abrazo al piano.
Fue al
parque con su amigo Pedro que tenía nueve años, jugaron al baloncesto.
Subió a casa, su madre la acostó y como no podía dormir se asomó a la ventana del salón y dijo: "Seguro que en una estrella está mi abuela".
Pablo R. M.