EL LOBO FEROZ
Me presento: soy el Lobo Feroz. Sí, el mismo, ese personaje
que se comió a los cabritillos y después fue tirado al río; ese que destruyó la
casa de los tres cerditos y tuvo que salir corriendo con la cola en llamas; el
lobo que aparece en las fábulas, aunque prefiera dar otro tipo de lecciones; y
el que se disfrazó de la muerte contra el gato con botas; y el que atacó a
Caperucita Roja según la gente.
Pues os voy a decir la verdad. No soy tan malo como lo
cuentan. Me tragué a los cabritillos porque llevaba cuatro meses sin comer y vi
la oportunidad. ¿No creéis excesivo el meterme piedras en la barriga y tirarme
a un río? ¡Por poco la palmo!
Ahora, sobre los tres cerditos. ¡El campo en el que
construían sus casas era mío! ¡Lo podéis ver en el testamento de mi difunta
abuela! Al intentar que saliesen por las buenas se reían de mí. Hasta me
disfracé y todo… Aún por encima, tras derribarles la casa a los otros dos,
intenté entrar por la chimenea en la que quedaba y me prendieron fuego. Tuve
que salir corriendo “con el rabo entre las piernas”. Irónico, ¿verdad?
De las fábulas no os puedo decir mucho, son problemas que
suceden donde vivo e intento arreglarlos. A veces son tan pesados los otros
animales, que las enseñanzas deberían ser a golpes, no a moralejas.
Sobre el Gato con Botas, no sé que le pasa a ese tío. Era
Halloween, iba disfrazado de la parca y fui a comprar unas hoces para mi huerta
cuando, de repente, paro a tomar algo en una taberna y me empieza con la
paranoia de un deseo o algo así. Y que le quedaba una vida, me dijo mientras
temblaba. Debería ir al médico. Bueno, la cosa es que pagué y salí corriendo a
casa.
¡Ah! ¡Por último! ¡Lo de Caperucita Roja! Es una historia
rara, pero sobre otra persona más que está loca. Iba hacia mi casa y una niña
me pidió ayuda con una dirección, pero me equivoqué. Llegué a mi hogar, me puse
mi camisón y gorro para dormir, me acosté en cama… y fue cuando entró la misma
niña de antes diciendo que yo era su abuela. Empezó a revisarme todo el cuerpo:
orejas, boca, dientes… Le di un susto y salió corriendo. Cuando pensé que se
había ido, entra con un cazador que me dispara en el pecho y me manda al
hospital.
¡Mi vida está llena de desgracias! Siempre soy yo el malo.
Manuel R. G.