Plata 2º Ciclo de la ESO 2025-26

VELO CRISTALINO

 

Buenos días, me llamo Shojaat y tengo 11 años, aunque a veces siento que dejé de crecer. Shojaat significa valentía, aunque aquel día eso que me caracteriza me terminó condenando. Vivo en la calle donde el polvo se posa por encima de todo, como si quisiera borrar las cosas poco a poco.

Mi madre me dice que hay que ser cuidadosas y cada mañana me cubre el pelo con una tela. Había veces que yo sentía que no era un simple velo, sino que era una sombra que se hacía al caminar, una sombra que cada vez apagaba más mi pequeña lucecita.

Desde la ventana veo a mi hermano correr. Él es como el viento: libre, ruidoso, incontrolable. Yo, en cambio, soy esa mampara, ese cristal. Puedo ver, pero no tocar. Puedo imaginar, pero no ser.

Pero llegó el día. Hice un corte en ese vidrio cristalino, me liberé de tal sombra abrumadora. Nada más salir del colegio el aire tocó mi cabello y fue como si alguien hubiera abierto una puerta dentro de mi pecho. Por un momento respiré. Fue un poco más que ese silencio que no penetra oídos, esa sombra que no deja ser.

Pero los costes hacen grietas, y estas hacen ruido. Las miradas llegaron primero. Después, el frío. Pero no el del aire, sino otro más profundo, como si el sol hiciera su crepúsculo exclusivamente para mí. Como si todas esas miradas frías congelaran más aún la situación.

Esa noche mi madre lloró. Pero yo estaba ahí quieta, incapaz de hacer nada. Esta vez no era la sombra quien me lo impedía. Estaba atrapada sintiendo cómo algo dentro de mí se apagaba, como una vela a la que le falta el oxígeno.

Hay días en los que me siento como una casa abandonada: las paredes siguen en pie, pero no el residente.

Hay veces que vuelvo a la ventana y veo a mi hermano corriendo por los suburbios. El mundo se mueve como si nada hubiera ocurrido. Y yo también sigo ahí, aunque ahora ya no dejo marcas al acercarme al cristal. Mi reflejo es tenue, casi inexistente, como si a poco el vidrio me borrara.

La niña que se reveló ante la sombra del velo se quedó atrapada entre los lados del cristal, ni a la izquierda ni a la derecha, ni dentro ni fuera. Un chirrido que unos no calibran, un susurro que otros no escuchan.

Y aunque el velo cristalino se pueda ver, una sombra sigue presente aunque ya no pertenezca a ningún cuerpo.

Manuel D. R.